Los dioses del deporte español (I): Miguel Indurain


Muchodeportivo te traerá, cada dos días, un nuevo capítulo del serial Los dioses del deporte español, en el que te hablaremos de la vida y milagros de las grandes estrellas masculinas del deporte español. Comenzamos el serial hablándote de uno de los grandes exponentes históricos de nuestro deporte, el ciclista navarro Miguel Indurain, ganador de 5 Tours de Francia y 2 Giros de Italia entre otros grandes logros.

“Miguelón”, nombre con el que se le conoce cariñosamente, llegó al mundo un 16 de julio de 1964 en Villava y fue el segundo de los cinco hijos del matrimonio Induráin Larraya . A la tierna edad de 9 años ya comenzó a dar sus primeras pedaladas sobre una bicicleta junto a algunos de sus hermanos y a los once años ya disputaba carreras ciclistas en la categoría de alevines de la mano del Club Ciclista de Villava. En los siguientes años comenzaría a demostrar que tenía un don especial, consiguiendo un gran número de victorias en todas las categorías que pisaba.

Fue en su año juvenil (1981) cuando fue descubierto por el equipo Reynolds, que dirigía Eusebio Unzúe, un personaje clave en la exitosa carrera del navarro. Fue en ese momento cuando Miguel decidió dejar a un lado los estudios y centrarse en lo que más le gustaba: el ciclismo. Su primer año en las filas del filial de este equipo fue bastante decepcionante, ya que no consiguió ninguna victoria, pero en su segundo año conquistó los Campeonatos de Navarra y de España amateurs. En el año 1984 tuvo la oportunidad de disputar la prueba de ciclismo de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, aunque no pudo concluir la prueba.

Su debut como profesional, en este mismo año, tuvo lugar en el Tour del Porvenir en el seno del  primer equipo  del Reynolds, carrera que no consiguió concluir, pero en la que consiguió su primera victoria profesional en una contrarreloj (su especialidad).  En 1985 conseguiría su primer gran logro, llegando a ser líder de la Vuelta a España durante 4 etapas. También disputaría, en ese mismo año, su primer Tour de Francia, que no lograría concluir.

1986 sería el año de su primer triunfo en una clasificación final, la del Tour del Porvenir. Le recomendaron que si quería ser un gran ciclista en las vueltas largas debía adelgazar y entrenar duro en la montaña, ya que tenía un potencial físico ilimitado. Al año siguiente venció en varias carreras, como el GP de Navarra o la Vuelta a los Valles Mineros y consiguió, por fin, finalizar el Tour, eso sí, en un puesto bastante lejano de los líderes.

En 1988 llegó un momento de incertidumbre en la carrera de Indurain. Problemas de alergias le impidieron rendir al 100%, con lo que no consiguió un buen puesto en la Vuelta a España. Ayudó de forma importante al líder del Reynolds, Perico Delgado, en el Tour y consiguió varios triunfos finales en algunas vueltas de segundo orden. Sin embargo, se le seguía achacando que nunca ganaría una gran carrera ciclista si mantenía su irregularidad en la montaña.

Llega el mejor Indurain:

El año 1989, el año en que el Muro de Berlín y el comunismo cayeron, fue también el año de la consagración de Miguel como una de las grandes promesas del ciclismo mundial. Se impuso en la París- Niza, consiguió su primera victoria de etapa en el Tour de Francia, donde ayudó gratamente a Perico Delgado a conseguir la victoria final, y consiguió varios puestos finales importantes en las generales de carreras como la Vuelta a la Comunidad Valenciana, el GP de Navarra o la Lieja-Bastoña-Lieja. El único “pero” a este buen año fue su abandono en la Vuelta española a causa de una caída que le provocó una doble fractura en su mano izquierda. Al navarro siempre se le resistió la ronda española.

1990 fue el año de la confirmación de todo lo que Indurain había demostrado anteriormente. Volvió a ganar la París-Niza, consiguió la victoria en varias clásicas importantes, como la de San Sebastián y, lo más importante, demostró ser un candidato más que claro a llevarse el Tour de Francia en próximos años. Pudo haberlo ganado en este mismo año, pero su labor de sacrificio en apoyo a su líder (Delgado) lo impidió. Por ello se sucedieron las críticas de los entendidos del mundillo a José Miguel Echavarri, uno de los directores de su equipo, que ya había pasado a denominarse Banesto, para que Induráin tuviera las mismas oportunidades que Delgado y para que ya no se le considerara un simple gregario.

El dios del ciclismo escuchó sus plegarias y les dio solución en 1991, año en que Miguel Indurain conquistó su primer Tour de Francia tras una exhibición clamorosa en la montaña, sobretodo en los Pirineos. La temporada quedó redondeada con un segundo puesto en la Vuelta a España (continuaba su maldición en esta gran carrera) y con un bronce en los Campeonatos del Mundo disputados en Sttutgart. El relevo generacional en el Banesto ya era un hecho.

Indurain comenzó el año 1992 con un ritmo de competición más bajo que en otros años, y aun así acabó tercero en la París-Niza. Quiso centrarse en el Tour, asi que para prepararlo de la mejor manera posible decidió disputar la otra gran carrera por etapas junto a la Vuelta, el Giro de Italia. Induráin demostró, en tierras transalpinas, que la contrarreloj y la montaña seguían siendo sus grandes bazas, ya que gracias a la primera especialidad se hizo impecablemente con el triunfo final en el Giro, convirtiéndose en el primer español en lograrlo. Más tarde, en julio, volvió a hacerse con la general del Tour de Francia, donde volvió a dar señas de una gran superioridad contra el reloj, contra sus rivales y contra la montaña. Gracias a esta brillante temporada se hizo con el liderato de lo que actualmente se conoce con el nombre del ránking UCI.

El año 1993 volvió a ser un año pletórico para “El Extraterrestre” navarro, consiguiendo su segundo doblete Giro-Tour consecutivo. En ambas carreras volvió a conseguir una diferencia tan abismal en la primera semana que sus rivales no pudieron alcanzarle, gracias a un dominio mágico en la montaña y en la contrarreloj, sus especialidades. Fue en ese mismo año cuando un joven ciclista estadounidense llamado Lance Armstrong comenzó a despuntar, logrando la victoria en el Mundial de ciclismo. Tras él se clasificó Miguel Indurain.

Lástima que al año siguiente se acabara la buena racha del español en el Giro de Italia, donde concluyó tercero tras haber llegado muy justo a la carrera y tras varias malas circunstancias (una mala contrarreloj, una pájara letal) que le dejaron sin opciones al triunfo final. El Tour fue otra cosa bien distinta, con la superioridad del navarro de nuevo protagonista, sacando, en la primera contrarreloj, dos minutos a Tony Rominger y siete a Chiapucci, sus grandes rivales. En este año logró otra de sus grandes proezas: batió, en el velódromo de Burdeos, el récord de la hora, que hasta ese momento estaba en posesión del británico Chris Boardman. Su récord sería superado meses más tarde por Rominger.

Los últimos años de reinado:

Miguel Indurain se convirtió en el ciclista más laureado de la historia en el Tour de Francia (en ese momento) tras conquistar su quinto entorchado consecutivo en la Grande Boucle. Antes de ello, al inicio de la temporada, había renunciado, como era habitual en sus últimos años, a disputar la Vuelta a España, una competición donde siempre le acompañó el mal fario y que nunca consiguió ganar.  También renunció, por primera vez en mucho tiempo, al Giro. En su preparación para el Tour ganó algunas etapas en vueltas menores y se hizo con el triunfo final en la Midi Libre y en la Dauphiné Liberé. Ya en el Tour, no sucedió nada del otro mundo, salvo que “Miguelón” volvió a no dejarnos echar la siesta y a dominar a sus rivales aplastantemente. Con su victoria se unió a un grupo selecto de ciclistas (Anquetil,Merckx y Hinault) que habían logrado 5 Tours, ninguno de ellos consecutivamente, como sí lo logró el navarro. Para el final de la temporada Induráin se marcó el objetivo de conquistar el Campeonato del Mundo de contrarreloj, el de ruta y el récord de la hora. Conquistó el primero, fue plata tras Abraham Olano en el segundo y no consiguió mejorar el récord en el tercer evento. Sus directores le insistieron en que lo intentara de nuevo, pero su negativa y la del médico del equipo Banesto, Sabino Padilla, provocaron una ruptura casi definitiva con la cúpula de su equipo.

Esto quedó demostrado en 1996, cuando Indurain ya no fue el mismo de antes. Había ganado varias carreras antes del Tour y por ello todos le veían como favorito a la victoria, que hubiera sido su sexta en la ronda gala. Nada más lejos de la realidad: en esta ocasión fue el Tour quien pudo con Induráin y no al revés. Una pájara en la primera etapa de montaña fue el signo, la señal, de que se había acabado una era en el ciclismo mundial. Nunca pudo recuperarse de ese desfallecimiento y concluyó la carrera en la undécima posición.Acabaría el año con su último gran triunfo, que tuvo lugar en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, en los que logró ser medalla de oro en la prueba de contrarreloj.

El 2 de enero de 1997 Miguel Indurain dio por finalizada su carrera deportiva. Una carrera deportiva por la que es considerado el mejor deportista español de la historia y por la que ha recibido, entre otros premios, el Laureus (los Oscar del deporte) y el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 1992. Miguel se dedica, en su retiro, a ser comentarista de ciclismo en TV, escribir en varios medios deportivos (como Marca), dar conferencias o disfrutar de su familia, que le apoyó en todo momento durante su gran y exitosa carrera deportiva, una trayectoria digna de recordar.

Fotografías por cortesía de la web personal de Miguel Indurain

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