Los dioses del deporte español (III):Fernando Martín


En éste nuestro tercer capítulo del serial vamos a hablar del “James Dean” del deporte español, el mejor jugador de la historia de nuestro baloncesto hasta la llegada al mundo de Pau Gasol: el malogrado Fernando Martín, todo un mito del deporte de la canasta en España y en Europa.

El mediano de los Martín llegó al mundo un 25 de marzo de 1962 en Madrid. Si pensamos que Fernando tenía el don del buen baloncestista desde que nació estaremos muy equivocados. Quien sería años después el líder del Real Madrid de baloncesto fue, en su juventud, un buen jugador de balonmano y de tenis de mesa y también un gran nadador, llegando a ser campeón de Castilla en natación. Se inició en el baloncesto a eso de los 15 años, un deporte donde encajó muy bien gracias a su altura y su esplendoroso físico, digno de un culturista.

Todo esto hizo que el segundo club en importancia de Madrid, el Estudiantes, se fijará en él y lo reclutara para su causa. Su debut con el equipo colegial tuvo lugar en su etapa júnior (1980). Al año siguiente se proclamó subcampeón de la todavía Liga Nacional de Baloncesto con los estudiantiles, siendo ya pieza clave. Esto hizo que clubes como el Joventut de Badalona (con el que llegó a firmar un precontrato) o el Real Madrid se fijaran en él. Fueron los segundos, al igual que harían años más tarde con Felipe Reyes o Alberto Herreros, quienes se llevaron el gato al agua. De paso aprovecharon para fichar también a su hermano Antonio.

Martín demostró, desde su primer minuto portando la camiseta blanca, que llegaba para hacer historia. Su primer partido con el Madrid (un partido del Mundialito de clubes contra el Sao Paulo) se saldó con 50 puntos para el madrileño. A partir de ahí llegaron toda una serie de éxitos y títulos al lado de los Corbalán, Iturriaga, Delibasic, Romay y demás. En su primera etapa con los merengues conquistó 4 Ligas, 2 Copas del Rey, un subcampeonato europeo y un Mundial de clubes, el mismo en el que debutó. Ya en su primera etapa en la liga española marcó tendencia, con sus famosas rabietas contra todo quisqui en la cancha (sobretodo contra rivales y árbitros) y con ese cáracter entregado y enérgico que siempre le caracterizó. Así fue como Fernando se convirtió en uno de los ídolos de la parroquia blanca y en uno de los mejores baloncestistas españoles y europeos del momento. Su fuerza en la pintura (jugaba como pívot) era incontestable. El 10 del Madrid pasaba por encima de quien fuera con tal de que su club ganara.

Este portento de la naturaleza no pasó desapercibido a ojos de Antonio Díaz Miguel, el entrenador de la selección española de baloncesto, con la que Martín ya había conquistado el subcampeonato en el Europeo júnior de 1979. Su debut con la absoluta tuvo lugar en el Eurobasket de Checoslovaquia 1981. Con Fernando en “La Roja” de basket todo fueron alegrías, destacando el subcampeonato europeo en Nantes 83 y, sobretodo, la histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, el primer gran éxito del baloncesto español, en un equipo plagado de estrellas en el que Fernando destacó sobremanera. Tras un 4º puesto en el Eurobasket 85 y un 5º puesto en el Mundial de España, Martín dio por terminada su etapa en la selección española, con la que disputó 72 partidos. Comenzaba una nueva etapa en la carrera del pívot madrileño:llegaba el salto a la NBA.

NBA y regreso al Real Madrid:

Fernando Martín fue el segundo jugador europeo en ser seleccionado para jugar en la NBA, la mejor liga de baloncesto del mundo. Fernando fue elegido en el draft de 1985 por los New Jersey Nets (puesto 38 de la segunda ronda), que no le ofrecieron un contrato garantizado. Las habichuelas tuvieron que buscarse en otro lugar y ése fue Portland, una franquicia que sí ofreció al madrileño un puesto en su roster y un contrato por 16 millones de las antiguas pesetas. Su debut se produjo el 26 de octubre de 1986 contra los Seattle Sonics, un partido que sólo cubrieron 3 periodistas españoles y en el que sólo jugó 2 minutos y 2 segundos.

Ésta sería la tónica de toda su etapa NBA, en la que su entrenador, Mike Schuler, nunca demostró tener ningún tipo de confianza en las posibilidades de Fernando, que vivió su travesía del desierto particular. El mayor de los Martín Espina lo pasó realmente mal durante este período de su vida, que pudo superar gracias al apoyo de su hermano Antonio (que también emigró a Estados Unidos), de sus amigos y de toda su familia en general. Fernando vio aquel año en Estados Unidos como un desafío, un desafío con el que aprendió que sin constancia y esfuerzo en el trabajo nada se consigue. Su bagaje NBA se saldó con 146 minutos, 22 puntos y 28 rebotes. Una experiencia que pocos jugadores europeos de su época pudieron contar, básicamente porque la liga norteamericana no había abierto sus puertas de par en par hacia el baloncesto europeo (aún).

Fernando decidió cortar por lo sano. Dijo adiós a Portland y a la NBA tras una temporada (1986-87) y decidió regresar al equipo de su vida, el Real Madrid, que le acogió como al hijo pródigo que vuelve a casa tras largo tiempo fuera. Fue en esta segunda etapa de Martín en el club cuando tuvo lugar uno de los momentos más bonitos de toda la historia de la por aquel entonces primitiva ACB, con unos duelos Madrid-Barcelona por el título caracterizados por la lucha titánica en la pintura entre dos grandes jugadores: Fernando Martín y Audie Norris, dos “espartanos” de la zona. Sus enfrentamientos en la cancha marcaron una época y todavía hoy son recordados con nostalgia por muchos.

Otro acontecimiento destacado en el regreso de los Martín a Madrid fue la llegada al club blanco de uno de los mejores jugadores europeos de todos los tiempos, otrora enemigo público número uno del baloncesto madridista: Drazen Petrovic, el genio de Sibenik, con el que Fernando compartió vestuario a regañadientes, ya que no le gustaba mucho que un “chupón” (como él mismo denominó a Petrovic, no con estas mismas palabras) se adueñara del equipo. Al final Drazen y Fernando consiguieron entenderse, logrando un doblete (Copa del Rey y Recopa) esperanzador ante las expectativas de hacerse con la ACB. No pudo ser: el Barcelona, al igual que en los años anteriores, se hizo con el campeonato. Martín se topó, en su segunda etapa en España, con uno de los mejores conjuntos blaugranas de la historia. Epi, Norris, Solozábal, Andrés Jiménez, Sibilio y compañía impidieron que Fernando y el Real Madrid ganaran un nuevo título liguero.

 

El 10 comenzó la que sería su última campaña en activo con unas ganas de jugar al baloncesto y de ganar locas. Su sueño no pudo cumplirse.

3 de diciembre de 1989. El Real Madrid se enfrenta al CAI Zaragoza en partido de liga regular. Fernando no va a jugar, pero va a recoger a Quique Villalobos, uno de sus compañeros en el equipo, para trasladarle hasta el Palacio de los Deportes madrileño. El Lancia Thema 8.32 de Martín nunca apareció: mientras éste conducía por la M-30 madrileña perdió el control de su vehículo, invadió el carril contrario de la carretera e impactó contra un automóvil que circulaba en esa dirección. Fernando Martín murió en el acto.

Homenajes y legado:

Las muestras de condolencia no se hicieron esperar. Sus compañeros, sus rivales, sus entrenadores, todos sintieron enormemente la gran pérdida. La capilla ardiente tuvo lugar en el Palacio de los Deportes de Madrid, donde el cuerpo de Fernando fue visto y visitado por multitud de personas. El Real Madrid quiso tener un bonito gesto con el jugador y con su familia y decidió retirar el que hasta ahora es el único número que ningún jugador de la plantilla blanca de baloncesto puede llevar: el 10 de Martín. El mismo día en que fue enterrado el Real Madrid ganó, en partido de Copa de Europa, al PAOK Salónica tras haber remontado una desventaja de 15 puntos. Fernando ha estado con nosotros, dijeron.

Aquí termina la historia de Fernando Martín, pero no la de su familia. Su hermano Antonio siguió jugando algunos años más con el Madrid y la selección e incluso llegó a ser director de la sección de baloncesto blanca. El hijo de Fernando, Jan Martín, también practica el baloncesto, habiendo jugado en varios equipos de la LEB Plata y LEB Oro españolas y en el filial del Real Madrid. Ahora mismo juega en la segunda división israelí, concretamente en el Elitzur Yavne, donde está cedido por el Maccabi de Tel Aviv. El parecido físico con su padre es innegable.

El último homenaje conocido hacia la figura de Fernando Martín lo puso en práctica Rudy Fernández. Fue en el Concurso de Mates del All Star NBA 2009, donde Rudy realizó su primer mate vistiendo la histórica camiseta que Martín llevaba en Portland. Un bonito y merecido homenaje para uno de los hombres míticos del baloncesto español y europeo, el primer españolito en la NBA, el pionero.

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