El baloncesto blanco no tiene quien le auspicie


Es cierto que ayer jugaron su primera Final Four en 15 años. Es cierto que son un equipo joven y, seguramente, con un brillante porvenir. Es cierto que su ambición por volver a la senda del éxito es encomiable. No obstante, también resulta una obviedad que algo falla en la sección de baloncesto del Real Madrid y nadie parece querer hacer algo al respecto. Es difícil responder al cómo y al por qué, pero intentaremos analizar la situación en este artículo.



En primer lugar, la situación en las canchas. El vestuario blanco no ha sido precisamente un remanso de paz este curso. Esto quedó reflejado en su momento con la marcha de uno de los mejores entrenadores de Europa, Ettore Messina, del club de Concha Espina, con su incapacidad para poder seguir adelante con el proyecto como razón oficial de ésta. En realidad, el motivo culminante para que Messina hiciera las maletas fueron sus problemas con algunos de los pesos pesados del grupo, véase Prigioni, Garbajosa e incluso el propio capitán Felipe Reyes. Sus problemas con Garbo, por ejemplo, llevaron consigo el regreso de Jorge a su adorada Málaga y la llegada a la plantilla de un jugador que ni por asomo puede comparársele, Begic. El caso de este último jugador es el mismo que pueden sufrir Sergi Vidal o Novica Velickovic, condenados a un ostracismo casi hiriente por parte de su antiguo míster y también por parte del nuevo entrenador, Emanuele Molin, claro continuador del “messinato” al ser el segundo de a bordo del de Catania durante muchos años. A pesar de todo, ambos tienen gran parte de culpa (sobre todo el primero) de que el Real Madrid haya logrado volver a la élite del baloncesto europeo tras tantos años de travesía por el desierto.

Otro problema respecto al equipo en sí es la preocupante carencia de un líder claro en la pista. Quien visiona los partidos de este club con asiduidad puede comprobar de primera mano que la irregularidad es algo que se debe premiar en el conjunto blanco, ya que nunca hay un jugador lo suficientemente regular como para ofrecer las máximas garantías en todas las contiendas libradas. Un día es Llull quien destaca, otro día es Fischer, al siguiente es Carlos Suárez el líder del equipo. En definitiva, las cosas no están nada claras, no hay una jerarquía en la cancha, como puede ocurrir en otros equipos. Esto, más que ser un aliado, es un peligroso enemigo para los intereses madridistas, y tarde o temprano se puede volver en su contra, como se ha visto en más de una ocasión esta temporada, en la que, además de grandes triunfos como ante Power Electronics Valencia en cuartos de final de Euroliga o ante el Regal FC Barcelona en ACB, también se han cosechado grandes y dolorosas derrotas, tanto en Liga como en Europa (el partido de ayer es una muestra de lo que acabamos de exponer). Cosas positivas en el seno del roster son la explosión de Nikola Mirotic, uno de los jugadores más prometedores del baloncesto mundial, y también el buen papel de los hombres de Molin en casa, donde sólo han cosechado dos derrotas (Euroliga, Siena y Valencia).

Salgamos ahora de la Caja Mágica y desplazémonos al Bernabéu y sus despachos. Aquí se encuentra el principal problema de la sección de baloncesto del Real Madrid, y tiene nombre y apellidos: Florentino Pérez. El presidente de la entidad es el principal culpable de que el deporte de la canasta no tenga un rumbo claro en el club, por el simple y llano hecho de que nunca ha confiado ni confiará en esta disciplina deportiva. Si nos fijamos en los logros conseguidos por el equipo de basket durante sus etapas al frente del Real Madrid, veremos que todo se reduce a la Liga ACB 2004/05, con Alberto Herreros, precisamente director deportivo de la sección, como protagonista. Incluso el díscolo Ramón Calderón obtuvo más éxitos al frente de la nave blanca en materia baloncestística (una Liga y una ULEB Cup en la temporada 2006/07) . Lo mejor de todo es que quien define al Real Madrid como “mejor club del mundo” dice de su equipo de baloncesto que genera muchos gastos, cuando no ha sido capaz de fichar para la causa ni a una sola de las estrellas que colman el baloncesto europeo y mundial, y recordemos que el Madrid se ha caracterizado por albergar a muchas en su plantilla (Corbalán, Delibasic, Petrovic, Sabonis, Arlauckas, etc). Los directores de sección impuestos por Pérez nunca han logrado independencia para realizar su trabajo y para fichar a los jugadores que realmente necesitaba la plantilla, por lo que muchos acabaron hastiados y salieron del equipo al ser meras marionetas (Antonio Maceiras es el caso más reciente), ni que decir tiene que Juan Carlos Sánchez no se libra de esta situación. Por estas cosas y muchas otras, llegan al equipo jugadores que pasan sin pena ni gloria por él cuando se les tilda, en las presentaciones y consabidos actos de exaltación de valores personales del reclutado, de estrellas.

Por ejemplo, el caso de Clay Tucker. Se le presentó, con bombo y platillo, como sustituto de uno de los mejores jugadores norteamericanos que ha vestido la zamarra blanca, Louis Bullock. Pasados unos meses desde su llegada, ha quedado demostrado que ni es el sustituto del ahora jugador del Cajasol ni lo será, siendo el alma máter del empecinamiento personificado en un jugador de baloncesto, dada su capacidad de entrar en malas rachas de tiro con una pasmosa facilidad. Mientras que él dispone de muchísimos minutos en pista, un jugador que podría ser capital en los esquemas blancos se queda en el banquillo un día sí y el otro también. Lo curioso es que su fichaje también se presentó como el de un gran revulsivo, que nada puede hacer si se le cortan las alas de continuo, y que no es otro que Sergi Vidal. Puede que Tucker sea un grandísimo jugador para equipos de clase media-alta, pero no para el Madrid.

El panorama es prometedor en lo referente al equipo, pero desastroso en lo referente a los despachos si se siguen llevando a cabo estas erróneas actuaciones. Cada año se habla en los mentideros del mercado de fichajes de que llegarán grandes jugadores a la plantilla, y ya empieza a haber nombres de cuantiosa valía en esa lista para la próxima temporada. Ayer fue un buen momento para ver el tipo de jugadores a los que el Madrid debe intentar reclutar y que ya reclutó en el pasado: estrellas de este deporte. Un jugador como Jeremy Pargo, como Jaycee Carroll, como Dimitris Diamantidis, es el que necesita el Real Madrid para recuperar su prestigio completamente, junto con otros jugadores que sean buenos secundarios y que hagan equipo. Si no se lucha por jugadores que atesoren este tipo de características y si se ignora a los cracks del deporte de la canasta eternamente (o viceversa), el baloncesto blanco seguirá sin tener a nadie que le auspicie. Por ello, pocos miembros de este grupo quieren unirse a la causa del club, porque saben, y para deducir esto no hace falta ser muy peliagudo, que a este deporte no se le apremia con el cariño suficiente desde la Casa Blanca a pesar de los logros conseguidos en el pasado y también en el presente, porque debemos recordar que, después de lo vivido este curso, estar entre los 4 mejores equipos europeos es un gran premio y un gran logro. ¿Sabrán valorar esto en su justa medida los mandamases pertinentes? Se verá a su debido tiempo.

Este artículo también puede encontrarse en Basketme.com.

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