Dallas saca fuerzas de flaqueza y vuelve a empatar la final (83-86) en el día más complicado de Nowitzki


Dallas Mavericks hizo fácil lo difícil una vez más. Por fin aparecieron algunos de los secundarios de lujo de los de Texas, a los que tanto se había echado de menos. Hicieron acto de presencia en el día más complicado de su líder, el alemán Dirk Nowitzki, que, con 38.5 de fiebre debido a un proceso catarral-gripal, galvanizó a sus compañeros y les llevó hacia la victoria, con 21 puntos y 11 rebotes, en claras similitudes (aunque a un menor nivel) con el quinto partido de las Finales NBA de 1997, cuando un tal Michael Jordan, en una situación parecida a la del teutón, anotó 38 puntos decisivos para el triunfo de sus Chicago Bulls ante los Utah Jazz de Malone y Stockton. La victoria de Dallas (83-86) contrastó con la impotencia de su rival, Miami Heat, con Lebron James cuajando uno de los peores partidos, sino el peor, que se le recuerdan (9 rebotes y 7 asistencias, pero sólo 8 puntos), sin ningún protagonismo en el último cuarto del partido de nuevo.

El encuentro comenzó con los hombres de Dallas muy mentalizados en lograr la victoria, tras no poder triunfar en el tercer partido, primero disputado en el American Airlines Center de la ciudad tejana. Nowitzki disimulaba muy bien su enfermedad con unos muy buenos primeros minutos y la defensa interior de los Mavericks funcionaba bien, a pesar de dar muchas segundas oportunidades (rebotes ofensivos) a Miami, donde Chris Bosh era el mejor. Aun así, los locales seguían empecinados en perder muchos balones, una piedra con la que ya tropezaron en anteriores partidos de la serie, saldadas con otras tantas canastas de los Heat. Jason Terry comenzaba enrachado, con canasta imposible incluida, y 5 puntos consecutivos suyos permitían a su equipo seguir comandando el marcador, aun con Nowitzki en el banco (14-17). Miami estaba jugando peor de lo que indicaba el luminoso, y Dallas perdonaba en exceso situaciones de fácil anotación. El primer cuarto concluía en empate a 21, con la sensación de que los del Oeste estaban errando en demasía.

Miami tenía un gran inicio de segundo cuarto, con un parcial de 7-0 que hacía saltar las alarmas de Rick Carlisle y los suyos, despertando Dallas de la mano del infravalorado Deshawn Stevenson. Miami mostraba un poderío insultante bajo tableros, con una gran primera parte de Bosh (acabaría los primeros 24 minutos con 16 puntos) y Dallas mostraba cada vez peores sensaciones, dando la impresión de ir sin rumbo fijo en el partido. Era Stevenson quien mantenía a flote el barco de los Mavs con 3 triples, empatando el partido cuando ni Dwyane Wade ni Lebron James habían anotado aún en el período, tomando de nuevo la delantera con un parcial de 0-9. El principal problema de Nowitzki y compañía era su débil defensa interior, que permitiría que Miami se fuera mandando en el marcador al descanso (47-45), a pesar de que ninguno de los dos conjuntos se imponía de forma clara sobre la cancha.

La buena defensa de Dallas era lo más destacado tras el paso por vestuarios, con unos minutos muy reseñables de Tyson Chandler, el gran olvidado por prensa y aficionados en estas series finales, con una aportación muy destacada, distribuyendo juego y dando mucha estopa en la pintura, con la ayuda de su compañero de faenas Shawn Marion. Miami regresaba al encuentro algo más frío, no aportando demasiado y Jason Kidd, base titular de Dallas y jugador de su posición más veterano en disputar unas series por el título, dejaba claro que no era su día. Dallas se colocaba 61-64 arriba, pero Miami respondía aprovechando los fallos locales y ahora eran los del South Beach quienes mandaban, por 4 puntos de diferencia (69-65), y sin hacer gran cosa, al final del tercer acto. Nowitzki acusaba su escondida enfermedad con un cuarto no muy bueno en el tiro, lo que era un problema para Dallas.

Un triple de Mike Miller y una canasta del siempre cumplidor Udonis Haslem daban una buena oportunidad a los visitantes de dejar visto para sentencia el partido (74-65) al inicio del último cuarto. Fue en ese momento cuando apareció por primera vez en el “clutch time” de las Finales 2011 Jason Terry, devolviendo a la vida a Dallas, que comenzaba a acercarse peligrosamente al KO. Nowitzki también aparecería, como siempre hacen en estos momentos decisivos los grandes jugadores. Todo esto, con la colaboración de Chandler, daría lugar a un muy honroso parcial de 4-15 favorable a los Mavericks (78-79), salvando un lapsus en el que Miami retomó el liderato del partido. La tensión se mascaba en el ambiente, y ambos equipos cometieron fallos debidos al ansia de unos por aumentar la renta obtenida y de otros por encontrar el camino hacia el triunfo. Los tiros libres aumentaban la ventaja de Dallas y reducían la desventaja de Miami. Fue precisamente desde la línea del 4’60 desde donde el capitán y mejor jugador heat, Wade, falló un lanzamiento de personal que podría haber empatado el partido a falta de 30.1 segundos para la conclusión (81-82). “Robin Hood” no perdonaría en el momento de la verdad, pero Bosh reduciría distancias con un mate a 9 segundos del final (83-84). Los Heat forzaron la falta sobre un atinado Terry, al que no le temblaría la muñeca desde el tiro libre para sellar la victoria de Dallas (83-86).

Dallas 86
Miami 83
Equipos
Dallas Mavericks (21+24+20+21): Kidd (-), Barea (8), Chandler (13), Marion (16), Nowitzki (21) -cinco inicial-, Haywood (-), Stevenson (11), Cardinal (-), Terry (17) y Stojakovic (-).
Miami Heat (21+26+22+14): Wade (32), Bibby (-), Anthony (4), James (8) Bosh (24) -cinco inicial-, Howard (-), Miller (6), Haslem (4) y Chalmers (5).

Los Mavs lo habían vuelto a hacer. En una situación de partido claramente desfavorable a sus intereses, con Miami en estado de gracia y con su estrella, Nowitzki, en unas malas condiciones físicas, habían renacido de sus cenizas cual ave fénix para vencer al enemigo. Recuperaban para la causa de los playoffs a su otro gran jugador, Terry, y no acusaban la inferioridad física que se les presuponía ante un equipo fuerte en ese sentido. Las fuerzas volvían a estar igualadas y gozarían de un tercer partido en casa para adelantarse en la serie, habiéndose asegurado ya un sexto partido. En el otro lado de la balanza, Miami recibía un nuevo vapuleo cuando ya se veía ganador anticipadamente. Pese a la excelente aportación de Wade (32 puntos) y Bosh (24 puntos), su supuestamente mejor hombre, Lebron James, no estuvo a la altura de las circunstancias y adoleció de vértigo  en los momentos decisivos, el tiempo de las estrellas de este deporte. James prometería tanto a admiradores como a detractores que el quinto partido sería su momento, ahora o nunca. No sería precisamente así.

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