Dallas se adelanta en la final y derrota a Miami (103-112) gracias a un gran trabajo colectivo


Venían pisando fuerte en los últimos partidos y finalmente aparecieron los auténticos y genuinos Dallas Mavericks en todo su esplendor. No fue el triunfo de un único individuo, sino de todo un colectivo. Nadie destacó por encima del resto, todos fueron importantes, incluso los menos habituales. Fue el triunfo del equipo, del grupo, del conjunto. En el mejor partido disputado hasta la fecha de las Finales NBA 2011, el equipo local superó ampliamente a Miami Heat (103-112), que acabó sacando a relucir su principal defecto desde el inicio de la temporada, que no es otro que la carencia de trabajo en equipo, la primacía del individualismo puro y duro. La declaración de intereses de Lebron James en la previa quedó hecha añicos al ser incapaz de cambiar el transcurso de los acontecimientos en el último cuarto una vez más (y ya van varias). Su triple-doble (17 puntos, 10 rebotes y 10 asistencias) no sirvió para empañar las debilidades de unos Heat que, a pesar de superar 5 de sus hombres las dobles cifras anotadoras, no estuvieron a la altura de las circunstancias, caminando cada uno por su lado cuando deberían hacerlo en comunión y lastrados por los problemas físicos de su mejor jugador, Dwyane Wade, echando en falta su aportación en los minutos finales.

Desde el minuto uno de partido se vio que Dallas quería la victoria en el quinto partido a toda costa. Los primeros compases del encuentro fueron muy igualados, con un ritmo muy alto de juego. En el equipo local eran Barea (todo un acierto su inclusión en el quinteto titular de los Mavs a partir del cuarto partido) y Jason Kidd quienes repartían juego (el segundo también anotaba), Tyson Chandler estaba enorme en ataque y en defensa y Dirk Nowitzki anotaba y respondía como siempre, con una gran actitud defensiva del equipo entrenado por Rick Carlisle, y Miami aguantando el temporal como buenamente podía (6-13), con un horrible James y un buen Chris Bosh. A pesar de todo, había pérdidas tontas de balón por parte de ambos equipos, aprovechadas por Miami para acercarse un poco en el marcador (19-23), con buen acierto ofensivo en ambos lados de la cancha y menos defensa. Fue entonces cuando Wade, el mejor jugador de Miami hasta el momento, tuvo que retirarse momentáneamente del partido, haciendo saltar todas las alarmas en los Heat. El motivo fue un golpe con Bryan Cardinal, en el que se hizo daño en la cadera. Miami mantuvo e incluso empeoró su rendimiento, a pesar de perder por poca diferencia, siendo mantenido por sus secundarios, sobre todo por Juwan Howard. En Dallas destacaban todos, incluido uno de los hombres con menos peso en la plantilla, Cardinal. Aun así, Miami ganaría sorprendentemente el primer cuarto gracias a un nuevo “buzzer beater” salvador de Mario Chalmers (31-30).

En el segundo cuarto, Lebron James comenzaría a ser importante para los Heat y Bosh mantendría su buena aportación del cuarto inicial. Dallas seguía jugando un muy buen baloncesto, con todos sus hombres aportando un granito de arena al juego del equipo. Volvió Wade a la cancha y Miami logró adelantarse en el marcador (40-39). Todo seguía apretadísimo, con unos porcentajes de tiro y de acierto en el triple muy destacados para ambos conjuntos. Los Heat se ponían cómodos en el liderato gracias a unos minutos poco afortunados de los locales (52-46), pero las distancias seguían siendo mínimas, empatando Dallas el partido con un 0-6 de parcial, volviendo Miami a liderar el marcador merced a una técnica y logrando los Mavericks ir de nuevo por delante con Nowitzki y Terry como estiletes. La primera parte acabaría con un triple de Chalmers y una canasta del alemán, siendo favorable el resultado a los locales (57-60). Se estaba disputando un encuentro de altos vuelos, con mucha anotación y un ritmo trepidante.

Wade no aparecía en el banquillo de los Heat al inicio de la segunda parte. Ambos equipos continuaban su buena racha desde el triple (Dallas acabaría con un espectacular 69% de acierto desde esta distancia) y los Mavericks seguían siendo mejores, con Chandler escandaloso en el rebote, Nowitzki tan brillante como siempre y Barea con la muñeca caliente desde la línea de tres (69-73). Miami se había convertido en Dallas y Dallas en Miami, ahora eran los pupilos de Spoelstra quienes iban a remolque durante gran parte del partido, resistiendo las acometidas de los Mavs aun sin su líder. Wade volvería al partido a falta de 04:33 para el final del tercer cuarto, cuando Dallas mandaba 71-80, con Barea y Terry simplemente magistrales, con 8 puntos para cada uno en esos 12 minutos. El cuarto finalizaba con un marcador de 79-84, Dallas tenía bien encaminada la victoria, pero tendría que sudar para conseguirla.

Los Mavericks seguían por delante en el marcador cuando comenzaron los 12 últimos minutos del encuentro, pero Miami se negaba a rendirse. Cuando los visitantes se situaban a 2 puntos del liderato, un triple del puertorriqueño Barea ponía el 88-93 en el luminoso. La conexión del backcourt de los Heat con Udonis Haslem hacía retomar el liderazgo del partido a Miami y un triple de Wade les daba una renta de 4 puntos (99-95), maquillada por Nowitzki desde el tiro libre. Lebron James se desconectaría del “partido de su vida” con otro horrendo cuarto final, en el que sólo anotaría 2 puntos. A pesar de jugar con fuego al no anotar durante algunos minutos, un gigantesco Jason Terry empataba el partido con un lanzamiento de tres y un mate de Dirk ponía a Dallas de nuevo camino del triunfo. Jason Kidd alargaría el vía crucis de los Heat desde el tiro libre (100-105). A continuación, vendría uno de los mejores momentos de la Final de este año: un triple de Terry que certificaba el triunfo de los Mavs (101-108) a 33.3 segundos del final, celebrado por uno de los mejores sextos hombres de la NBA haciendo el avión, una celebración que lleva su firma. El carrusel final de tiros libres sólo serviría para agrandar y maquillar el resultado final (103-112).

Dallas 112
Miami 103
Equipos
Dallas Mavericks (30+30+24+28): Nowtizki (29), Marion (8), Chandlerl (13), Kidd (13), Barea (17) -cinco inicial-, Terry (21), DeShawn (4), Cardinal (4), Mahinmi (3).
Miami Heat (31+26+22+24): LeBron (17), C. Bosh (19), J. Anthony (2), Wade (23), Bibby (2) -cinco inicial-, Haslem (10), Chalmers (15), M. Miller (9), J. Howard (6), House (-).

El valor de la victoria de Dallas en el quinto partido cobra importancia al ver cómo se consiguió el triunfo. La actuación coral de los Mavericks rozó la perfección, anotando todos los jugadores del equipo que dispusieron de minutos en el partido y con la columna vertebral del roster de los Mavs rindiendo a un nivel superlativo. Las estadísticas son inapelables: Nowitzki 29 puntos, Chandler 13 puntos y 7 rebotes, Barea 17 puntos y 5 asistencias, Kidd 13 puntos y 6 asistencias y Terry 21 puntos y 6 asistencias. Fue la aparición final de Terry el punto culmen del gran rendimiento colectivo que mostraron los hombres de Carlisle, un Terry que no había rendido a un buen nivel en los 3 primeros partidos, despertó en el cuarto y explotó definitivamente en el quinto encuentro. La presión convive ahora en el seno de los Miami Heat, que, a pesar de todo lo sucedido en territorio comanche, gozan ahora de dos partidos en casa para poder llevarse el anillo. Los Heat disputarán su séptimo partido particular esta noche (02:00 de la madrugada en España), en el cual ya no pueden permitirse el lujo de cometer más errores. Un triunfo suyo acabará con la bola de campeonato de los Mavericks, una derrota hará que todo haya terminado. Las sensaciones son ahora favorables a los campeones de la Conferencia Oeste, entrenados por un Rick Carlisle que le ha ganado la partida hasta el momento a Erik Spoelstra en los banquillos. Todo está todavía por decidir. Lo que está claro es que en el encuentro de esta noche volverán a pasar cosas alucinantes. Mañana amaneceremos con un nuevo campeón de la NBA o con un séptimo partido en el horizonte. Es el todo o el nada. Hagan sus apuestas.

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