Los dioses del deporte español (VIII):Pau Gasol


Por fin llega a vuestras pantallas (de ordenador, móvil, tablet y demás dispositivos) una nueva entrega de nuestro serial sobre los mejores deportistas españoles de ahora y siempre, Los dioses del deporte español. El protagonista del artículo que viene a continuación es sin duda uno de los hombres más importantes del deporte de nuestro país en estos momentos, y el mejor jugador de baloncesto de la historia patria por méritos propios; hoy hablamos de la trayectoria de Pau Gasol.

El hombre que siempre quiso ganar

Quién les iba a decir a Agustí y a Marisa que su primer hijo, Pau, nacido el 6 de julio de 1980, llegaría tan lejos en el mundo del baloncesto. Seguro que cuando sus afortunados progenitores le tuvieron por vez primera entre sus brazos ni se imaginaban que su bebé llegaría a ser campeón del mundo y de Europa, de la NBA o de la ACB.  El más agudo de los vaticinadores no les habría convencido entonces de que su primogénito compartiría cancha y equipo con algunos de los mejores jugadores del planeta, ni de que llegaría a ser internacional representando a España en más de 100 ocasiones; también habría sido una quimera para ellos la posibilidad de que su hijo asistiera, como espectador y rival, a los últimos coletazos del más grande baloncestista de todos los tiempos. Sueños imposibles en ese momento que, con el tiempo, se hicieron realidad, dando lustre a la carrera deportiva del que sin duda es el mejor jugador que el entramado del baloncesto español ha dado a luz nunca.

Si un chaval de Primaria le dice un día, ni corto ni perezoso, a su profesor de Matemáticas que llegará a jugar con Michael Jordan, con los mejores, eso significa que tiene ambición. Y Pau fue ambicioso desde muy pequeño. En su infancia siempre hubo un lugar destacado para el balón y la canasta, sin dejar nunca de lado sus estudios. Jugaba al baloncesto por diversión y, en su periplo en el club baloncestístico de su colegio y en el Cornellá, filial del FC Barcelona, incluso llegó a plantearse dejar el deporte que tanto amaba (algo que volvería a sopesar en varias ocasiones posteriormente). Su juego presentaba muchos altibajos debido a su descomunal crecimiento y el hecho de que sus compañeros de equipo llevaran 2 años juntos antes de su llegada tampoco ayudaba demasiado. Aun así, Pau se sobrepuso a todo ello y logró destacar, llamando la atención de un Barcelona en el que también pasó malos ratos en un primer momento. Un entrenador muy duro de pelar y unos compañeros con mayor talento (entonces) que él no frenaron su deseo de triunfar en el gran club catalán, algo que consiguió tanto en categorías inferiores como en el primer equipo, con el que jugó su primer partido en 1998. Entre tanto, Gasol tuvo tiempo de vestir por primera vez la camiseta de la selección española en sus categorías de formación, siendo integrante de los equipos júnior campeones de Europa y del mundo en 1998 y 1999, respectivamente. Su confirmación como una de las grandes promesas del baloncesto patrio aún estaba por llegar.

Fue en el primer año del nuevo milenio cuando Pau Gasol demostró con creces que quería ser parte importante de la futura élite del baloncesto europeo y mundial. La Copa del Rey de Vitoria fue un aviso premonitorio de lo que ocurriría, precisamente, en el torneo copero siguiente (Málaga 2001). El espigado ala-pívot de 2’15 metros estaba dominando la ACB a su antojo, y en el torneo del KO no se reservó ni mucho menos. Ante los maravillados ojos de todos los asistentes al Martín Carpena malagueño, cuajó una actuación sensacional en los 3 partidos que disputó el Barcelona, destacando su actuación en la final, factor clave en la victoria azulgrana. Al triunfo en la Copa se unió, meses después, la victoria en el campeonato ACB (la inoportuna apendicitis que sufrió horas antes de la eliminatoria ante la Benneton de Treviso privó, muy probablemente, al FC Barcelona de clasificarse para la Final Four y hacerse con su primera Euroliga). Gasol tomó entonces una de las decisiones más importantes de su carrera deportiva: probaría suerte en la NBA, glorificadora de los grandes portentos del baloncesto planetario, pero también capaz de destrozar los más bellos sueños de grandeza. Comenzaba así, aunque él no lo sabía, una fulgurante carrera hacia el éxito, en la que sus ansias de victoria se verían más colmadas que nunca.

Antes de comenzar su ilusionante andadura en Estados Unidos, Pau tuvo tiempo de debutar con la selección española absoluta. Ya en su primer torneo con los mayores (Eurobasket de Turquía) demostró su ambición y su ardiente deseo de conducir hasta la gloria a un equipo español que acababa de salir de una importante crisis deportiva, con un bronce como premio final. Su llegada a Estados Unidos, habiendo sido elegido en el puesto número 3 del draft por Atlanta Hawks y traspasado posteriormente a Memphis Grizzlies, dio que hablar muy pronto. Un mate ‘in your face’ sobre Kevin Garnett fue el comienzo de todo. En sus primeros años en la liga, Gasol siguió a rajatabla la máxima de ganar por encima de todo y de todos. Fue Novato del Año, consiguió clasificar a Memphis por vez primera en su historia en los playoffs (con ninguna victoria en ellos con el mayor de los Gasol en sus filas, curiosamente éstas llegarían años después con otro Gasol en el equipo) y logró ser elegido para disputar el glamuroso y mágico All Star, donde sólo tienen cabida los mejores hombres de la NBA. Las alegrías y las decepciones también se iban turnando en sus presencias con la selección, alternando grandes torneos, con o sin premio (Eurobasket de Suecia ’03 y JJOO de Atenas ’04), con sinsabores (Mundobasket de Indianápolis ’02) y ausencias del equipo (Eurobasket de Serbia ’05). Pau siempre fue el gran referente de España en esas competiciones, pero la victoria, que fue denominador común de su vida deportiva en sus inicios como profesional, ahora le era esquiva. Y eso no gustaba en absoluto a Pau Gasol.

2006 fue el año en que todo cambió. No a nivel de clubes, cierto es. Pero sí a nivel de selecciones, un ámbito mucho mayor. Gasol ya había ganado varias medallas con la selección española, pero ninguna tan gratificante como el dorado oro. Un oro que significó el triunfo en todo un Campeonato del Mundo, que se dice pronto. El juego del equipo español en Japón ‘06 fue grandioso en todos los sentidos, pero si alguien sobresalió en aquel equipo opositor de las individualidades fue Pau. Su ausencia en la final ante Grecia (malditas lesiones) no fue motivo excluyente para que se llevara a casa un flamante galardón como mejor jugador del Mundial, el siempre cotizado MVP. En Memphis seguía cosechando triunfos individuales (primer All Star), pero no colectivos. La selección sí colmaba el ansia voraz de triunfos del ala-pívot español, aunque la motivación de Pau fuera exactamente igual en ambos conjuntos. Con la camiseta española vivió, precisamente, uno de los mayores disgustos de su carrera deportiva. Tuvo lugar en la final del Eurobasket ‘07, que se disputó en España. Tras un torneo irregular y con la presión que siempre hace mella de uno u otro modo sobre el equipo anfitrión, la selección cayó ante Rusia en un mal partido, con un final que pudo haber sido muy distinto. La caprichosa diosa Fortuna favoreció a los rusos e impidió que un lanzamiento de Pau Gasol sobre la bocina final que hubiera significado el triunfo de España entrara en las redes de la canasta contraria. El jugador franquicia del equipo nacional también era humano. Y como  tal, lloró aquella dolorosa plata amargamente.

No obstante, las aguas de la carrera deportiva de Pau Gasol no tardaron en volver a su cauce poco después. En febrero de 2008 Pau abandonaba Memphis tras unas últimas temporadas convulsas en cuanto a resultados y rendimiento (mermado por las lesiones) y aterrizaba en una de las organizaciones deportivas más conocidas del planeta, Los Ángeles Lakers, segunda franquicia histórica con más títulos de la NBA en su haber, que había dado fama y prestigio mundial a jugadores de la talla de Kareem Abdul-Jabbar, Earvin ‘Magic’ Johnson, James Worthy, Shaquille O’Neal o Kobe Bryant. La llegada del ala-pívot español supuso un cambio radical en el equipo afincado en tierras de Hollywood, que pasó de ser eliminado en la primera o segunda ronda de los playoffs a luchar por el anillo en un santiamén, renaciendo de sus lustrosas cenizas cual ave fénix. En su primer año como compañeros, la dupla Kobe Bryant- Pau Gasol llevó a los Lakers hasta las Finales NBA, sucumbiendo ante su enemigo íntimo, Boston Celtics. La historia mejoraría sobremanera en las dos temporadas siguientes. Pau Gasol se convertiría en 2009 en el primer jugador español en lograr un anillo de campeón de la mejor liga de baloncesto del mundo, siendo su asfixiante defensa sobre Dwight Howard una de las claves del triunfo final de los Lakers ante Orlando Magic. Él y Los Ángeles revalidarían corona en la siguiente temporada, venciendo a su otrora verdugo, Boston Celtics, en una serie que necesitó de un séptimo y definitivo partido en el que la actuación del jugador español fue trascendental. La sed de victoria de Pau Gasol se veía saciada de nuevo, y muy satisfactoriamente, algo que también se refrendó en sus actuaciones con la selección española, saldadas con una plata que supo a oro en los Juegos Olímpicos de Pekín ’08 y con el primer oro europeo de la historia del baloncesto patrio en Polonia ’09. Ambos campeonatos fueron muy especiales para Gasol: el primero de ellos demostró que España podía ganar a la temible selección de Estados Unidos en un partido de baloncesto; el segundo que, a pesar de las adversidades sufridas, nadie podía acabar con un grupo de jugadores unido por una causa común: la gloria.

Tras su ausencia en 2010, Pau Gasol regresa a la selección española este verano, y lo hace con fuego en sus ojos. Los Lakers no consiguieron conquistar el que hubiera sido su tercer campeonato NBA consecutivo, cayendo en las semifinales de la Conferencia Oeste ante Dallas Mavericks. La peor parte de la inesperada derrota se la llevó el ala-pívot natural de Sant Boi, que tuvo que soportar una incesante lluvia de críticas hacia su persona, siendo considerado el principal culpable del desastre. Por ello, el 4 de España desea olvidar la irregular temporada pasada que protagonizó. Ahora sólo piensa en una cosa, y no parará hasta conseguirla: el oro en el Eurobasket de Lituania. Le dan escalofríos pensando en unos Juegos Olímpicos (que bien podrían ser los últimos en los que él participara) sin el concurso de la selección española de baloncesto. La victoria es el único objetivo que contempla el mayor de los Gasol, su mente y su cuerpo estuvieron preparados para acometer tal desafío desde su primer minuto de vida.  El verbo ‘ganar’ siempre fue conjugado con suma facilidad por él.  Saberse vencedor era un premio, verse perdedor era un castigo.

Y es que, como el Cid Campeador, Pau Gasol nunca dará una batalla por perdida, nunca.  Por ello, será recordado hasta las postrimerías de la historia como el hombre que siempre quiso ganar.

Este artículo está incluido en la Guía Basketme Eurobasket 2011.

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