El adiós


Las 8 en punto. El despertador inició su cantinela habitual. Él lo apagó rápidamente. Esa noche no había dormido bien. Estaba realmente inquieto. Aquel era un día especial, un día cargado de emotividad. A pesar de todo, ese día comenzó como cualquier otro. Se incorporó de la cama. Allí se encontraba aún Cristina, plácidamente dormida. Él sonrió y le dio un beso en la frente a su esposa.

Salió de su cuarto y se dirigió a la habitación de sus hijos. Primero despertó a Marius y a María, los mayores. Después le tocó el turno a la pequeña de la casa, Valentina. Les preparó el desayuno mientras se desperezaban. Desayunaron juntos. No hablaron de fútbol. Hablaron del colegio, de qué tal estaban los amigos de Marius, de cómo le había ido el examen de Matemáticas a María, de los últimos dibujos que había coloreado Valentina. Tras la agradable reunión familiar, él vistió a la pequeña Valentina mientras Marius y María se aseaban y preparaban para ir al colegio. Él les llevaba a clase todos los días, sin excepción. Cristina se levantó justo cuando iban a marcharse. Él le dio un beso de buenos días. Ella se lo devolvió con cariño y le deseó suerte para la jornada que le esperaba.

Tras dejar a los niños en el colegio (ellos también le dieron muchos ánimos a su padre), condujo hasta las instalaciones del club. Llegó allí a las 9:30. Trabajaría un poco en su despacho antes de que el equipo viajara a Madrid al mediodía. Se puso a ver algunos vídeos del rival. No había duda, Bielsa había cambiado al Athletic por completo. Ahora, el conjunto de Bilbao salía al ataque y dejaba la defensa en un segundo plano. Él admiraba ese fútbol. Bielsa fue sin duda un modelo a seguir para crear su metodología como entrenador. Entonces recordó que había conseguido su primer título como técnico del Barça en la misma competición que disputaría esa noche, la Copa del Rey, y ante idéntico rival, Athletic de Bilbao. -El ciclo podría cerrarse de la misma manera en que se inició- pensó. Unos golpecitos en la puerta del despacho le sacaron de su ensimismamiento. Era Manel. Él también vivía su último día en el equipo.

-¿Cómo estás, Pep? ¿Preparado para tu último partido?-  preguntó Manel tras darle un fuerte abrazo a su superior y, ante todo, a su amigo.

-Es el equipo de mi vida, Manel. Va a ser duro dejar a un lado el fútbol. Ya lo hice una vez. Fue difícil apartarme de aquello que más amo en el mundo además de mi familia, pero lo superé. Estos chicos y este club siempre estarán en mi corazón, eso te lo aseguro- respondió él convencido y emocionado a la vez.

Llegó la hora de partir hacia Madrid. Tras ordenar sus cosas y apilarlas en algunas cajas que había traído para la ocasión, dejó el despacho. Tito ocuparía su lugar. Había leído en la prensa que la relación entre ambos se había enfriado. No era verdad. Él estaba encantado de que su ayudante se hiciera cargo del equipo. Creía que era la persona más adecuada para el puesto y así se lo expuso a la directiva blaugrana cuando le anunciaron el nombre de su sustituto. Quizá al principio sí que le dolió un poco que la decisión se tomara sin consultarle primero a él, pero al fin y al cabo él iba a dejar el club. ¿Cambiarían mucho las cosas tras su marcha? Él era partidario de que todo seguiría igual y más sabiendo que la fórmula para alcanzar el éxito se mantendría impoluta.

Saludó a sus hombres con seriedad antes de que todos entraran en el autobús que les llevó hasta el aeropuerto de El Prat. Tanto en el bus como en el avión, él se mantuvo serio y pensativo, sin cruzar apenas palabra con nadie. No pensó en el fútbol, sino en la vida tras el fútbol. Tenía pensado tomarse un año sabático, pero ¿y después? Había varias alternativas: volver a entrenar, colaborar con algún medio de comunicación, crear una empresa vinculada al deporte, escribir, dar conferencias. Cientos de posibilidades. Ahora no era el momento de elegir su camino futuro. Ya llegaría la ocasión. El descanso era lo primero. Quería desconectar por completo y volcarse en su familia, en su gente.

La tarde pasó lentamente. Intentó dormir un rato, pero no pudo. Los nervios le consumían. Al fin, llegó la hora de que la expedición partiera hacia el estadio Vicente Calderón, escenario de la final. Mientras sus hombres calentaban, él se paseaba por la banda inquieto. Solía ser un hombre tranquilo, pero su tranquilidad rutinaria se había esfumado aquel día. Su charla técnica, la última, no defraudó a nadie.

-Chicos, una nueva final para vosotros y también para mí. Estoy seguro de que no será la última vez que peleéis por un título en este club. Yo no sería lo que soy como entrenador sin vuestros éxitos en el campo. El mérito es vuestro. Han sido 4 años maravillosos, con sus alegrías y también con sus decepciones. Habéis conseguido ser un equipo tanto en lo deportivo como en lo humano. Ése era mi objetivo cuando llegué aquí y puedo decir orgulloso que lo hemos cumplido con creces. Gracias de corazón, chicos. Y ahora salid ahí fuera y, por encima de todo, disfrutad jugando al fútbol. Eso es lo que de verdad importa.

Una vez más, su discurso previo consiguió levantar aún más el ánimo de la plantilla. El Barça se paseó en la final, doblegando al Athletic por 0-3, dominando el encuentro de principio a fin. Él celebró cada uno de los goles de su equipo de forma comedida, agitando los brazos y con los puños apretados. Cuando el árbitro decretó el final del encuentro, él dejó de ser dueño de sus emociones. Lo primero que hizo fue abrazar una vez más al segundo entrenador del equipo, Tito Vilanova. Habían charlado durante todo el partido. Él estuvo a su lado en la totalidad de su aventura como técnico en el Barça y era justo reconocer sus méritos. Era su ayudante, su amigo, muchas veces también su confidente.

-Tito, confío en ti. Estoy seguro de que no tendrás problemas para mantener la dinámica ganadora del equipo. Los chicos ya te conocen, te los has ganado. Tienes mucho camino recorrido- le dijo con franqueza a su ayudante.

-Gracias, míster. Digan lo que digan, nuestra amistad no se ha roto ni lo hará. Tú me diste la oportunidad de ayudarte en los banquillos y te estoy muy agradecido por ello. Intentaré que todo siga igual tras tu marcha- respondió Tito.

Después, nuestro emocionado protagonista se dirigió a saludar al entrenador contrario. Antes, abrazó a los jugadores de su equipo que se fue encontrando por el camino. Cuando llegó hasta el rosarino, Bielsa le agradeció el saludo con una cariñosa palmadita en la espalda y le dijo:

-Felicidades, Pep. Ustedes estuvieron soberbios esta noche. Son justos vencedores del trofeo.

-Gracias, Marcelo. Enhorabuena por la temporada que habéis hecho. Ya te dije en su momento que para el fútbol es un regalo contar con personas como tú. Te debo muchas cosas- respondió él.

-No me debe nada. Créame cuando le digo que ha hecho de este Barcelona uno de los mejores conjuntos de la historia de este deporte. Su modestia es una gran virtud, pero no me niegue lo evidente ni se lo niegue a sí mismo. Ahora disfrute del momento con los muchachos. Le deseo lo mejor en la nueva etapa que comienza hoy. El fútbol le recibirá con los brazos abiertos si decide volver a él algún día.

Él esbozó una cálida sonrisa de agradecimiento a Bielsa y se alejó. Buscó a sus jugadores, dispersos por el terreno de juego celebrando el nuevo título de su palmarés. Les fue abrazando uno por uno. Destacaron sus encuentros con Messi y con Piqué.

-Eres el mejor futbolista del mundo, Leo. Ha sido un honor ser tu entrenador durante estas cuatro temporadas. Quién me iba a decir a mí que iba a entrenar a uno de los mejores deportistas del planeta- le dijo al delantero argentino tras un largo abrazo.

-Míster, gracias por hacerme crecer como jugador y como persona. Sin ti no habríamos logrado todos estos triunfos. Te echaremos de menos- contestó Messi reprimiendo las lágrimas.

También se detuvo un rato con Piqué. Ambos se fundieron en un fuerte abrazo y charlaron.

-Cuídate mucho, Gerard. Éste no ha sido tu mejor año, pero sigo pensando que eres un gran central. Debes controlar tus emociones más durante los partidos, tienes un carácter muy fuerte. Es el único pero que te pongo.

-Tengo en cuenta tu consejo, míster. Espero que te vaya muy bien. No olvido que fuiste tú quien me trajo de vuelta aquí. Gracias- añadió Piqué.

Tras abrazar al resto de miembros de su equipo técnico, quedó en soledad en el césped del Calderón. No subió a recoger los trofeos con el resto del equipo. Tras la entrega de premios, decidió retirarse al vestuario mientras el equipo seguía celebrando la victoria. Se sentó en uno de los bancos de la sala. De repente, escuchó la voz de alguien que le llamaba:

-Míster, ven, queremos celebrar el título contigo.

Era Puyol, uno de sus capitanes, quien le llamaba desde la puerta del vestuario. Se levantó y cruzó el túnel que llevaba hasta el terreno de juego. Fuera le esperaba la totalidad de su plantilla colocada en círculo. Querían que el entrenador participara en el tradicional corro de celebración. Él lo hizo encantado, como siempre. Después volvió a retirarse a las entrañas del Calderón para dirigirse ya hacia la sala de prensa del estadio. Sería su última comparecencia ante los medios en mucho tiempo. Mostraría sus sentimientos sin medias tintas, hablaría sin tapujos, de forma distendida. Todo había acabado ya.

Era noche cerrada cuando la expedición del FC Barcelona subió al avión que le llevaría de regreso a la Ciudad Condal. Él se sentó al lado de una de las ventanillas del vehículo. Cuando éste despegó, el técnico blaugrana no pudo evitar que las lágrimas recorrieran su rostro.

-¡Cómo voy a echar de menos todo esto!

Tres años atrás, en el aeropuerto de Valencia, un debutante Josep Guardiola subía al avión junto con su equipo tras ganar el primero de sus títulos como entrenador. Mientras observaba cómo el aeroplano se iba alejando cada vez más de la pista al despegar, no pudo impedir que sus ojos se transformaran en un mar de lágrimas.

-¡Ojalá éste sea el primero de muchos títulos para nosotros!

 

Gracias, Pep. Por tu humildad, por tu forma de concebir el fútbol, por ser persona antes que entrenador, por tu generosidad, por tu serenidad, por tu educación, por todo. Eres leyenda.

 

FOTO: La Vanguardia.

VÍDEOS: YouTube.

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