De aquí a la eternidad


En un lugar de Ucrania, de cuyo nombre sí quiero acordarme (Kiev), no ha muchas horas que deleitó al planeta fútbol una selección legendaria, de las de toque por bandera, casta antigua, baja altura y talento y clase a discreción. Un equipo inquebrantable en la portería, sólido en la defensa, exquisito en el mediocampo y persistente en la delantera. Su once titular es temido en todo el mundo y su fondo de armario también causa gran admiración. La sabiduría y la experiencia de un bigotudo entrañable guían a este admirable combinado hacia la victoria allá donde sea menester. Trofeo que vislumbra en el horizonte, trofeo que lleva su sello. 23 futbolistas y casi 48 millones de españoles unidos por una causa común: la gloria, el éxtasis, el triunfo, la euforia.

Así es España, un equipo nacional que se ha ganado por méritos propios un puesto en la gran enciclopedia histórica del fútbol. Nunca hubo una selección capaz de ganar dos Eurocopas, mediando entre ellas un Mundial, de forma consecutiva. Nunca hasta que esos benditos bajitos dieron rienda suelta a su locura. El balón de fútbol no se lo termina de creer. Nadie le había profesado un cariño tan auténtico y profundo, tan mágico y especial, en sus más de 100 años de existencia. Él quiso a todos (la Brasil de Pelé, la Alemania de Beckenbauer, la Holanda de Cruyff, la Argentina de Maradona, la Francia de Zidane), pero España, ya se sabe, es diferente. Quizá el “tiki-taka”, el toque continuo y redundante, sea un estilo de juego que puede llegar a resultar aburrido. ¿Nos hemos preguntado alguna vez la causa de ese aburrimiento? Tal vez el sopor venga dado por la incontestable superioridad que muestra la selección española cada vez que se alía con la pelota. Posesión infinita garantizada.

2008 supuso el nacimiento de la máquina de hacer fútbol española, muy posiblemente el mejor torneo de este grupo. 2010 confirmó que lo que había sucedido en Austria y Suiza dos años antes no había sido un sueño, que el combinado español había llegado a la cima para quedarse en ella: un triunfo especial por todo lo que conlleva alzarse con la codiciada Copa del Mundo. ¿Y 2012? Si 2008 fue el nacimiento y 201o la confirmación, en 2012 tuvo lugar la consolidación de España en el Olimpo del fútbol. Esta Eurocopa no ha sido el mejor torneo de España en este ciclo, ni mucho menos. Los rivales ya conocían de antemano las artimañas españolas e intentaron contrarrestarlas con sus triquiñuelas autóctonas. No ha habido pegada en el equipo español, como tampoco la hubo en demasía en el Mundial de Sudáfrica. Sin embargo, la defensa ha ocultado con maestría este hándicap y el ataque ha salido a relucir en los momentos precisos.

El protagonismo de los hombres más cercanos a la portería ha sido inapelable en el torneo. Que se lo digan a Sergio Ramos, para muchos el mejor central del mundo tras su gran europeo (con homenaje a Panenka incluido). Y si alguien duda del relevo generacional, ahí está Jordi Alba para desterrar toda inquietud al respecto. El nuevo jugador del FC Barcelona (equipo que le va como anillo al dedo, por cierto) ha sido una de las grandes revelaciones del torneo. Su gran labor, tanto ofensiva como defensivamente, confirma un futuro muy prometedor para la selección en lo que a jóvenes talentos se refiere. Por último, Iker Casillas es otro gran culpable del éxito defensivo español. La imbatibilidad del cancerbero mostoleño en los partidos decisivos de los grandes torneos ya es costumbre. Nunca hubo tanta seguridad acumulada bajo los tres palos de una portería.

A pesar de que ha faltado algo de gol, el centro del campo español ha vuelto a brillar con luz propia. Andrés Iniesta y el desborde han ido de la mano durante todo el torneo (merecidísimo mejor jugador del torneo); Xabi Alonso, de haberlo, se habría llevado el maillot verde de la regularidad de la Eurocopa; Xavi, a pesar de que el tiempo avanza rápido e impasible, sigue dejando muestras de su dominio de este deporte en los momentos de mayor necesidad;  Sergio Busquets y David Silva han cumplido como siempre, siendo en esta ocasión algo más destacada la actuación del jugador del Manchester City.

En la delantera se encontraba el mayor dilema del equipo antes del inicio de la Eurocopa. Un debate sobre quién debería jugar arriba que se ha mantenido hasta el final del torneo. Dos nombres propios: Cesc Fábregas y Fernando Torres. El primero ha sido el foco de todas las miradas al jugar de inicio en casi todos los partidos y … ¡¡como falso 9!! Esta variante táctica ha acabado resultando más propicia de lo que parecía en un primer momento. El segundo ha acallado las voces de sus muchos detractores haciéndose con la Bota de Oro de la Eurocopa (3 goles más la asistencia a Juan Mata en la final).

El banquillo también ha aportado su granito de arena, aunque más en el aspecto humano que en el deportivo. Los centrocampistas han sido los elegidos por Vicente Del Bosque para copar las sustituciones de rigor, aportando frescura al juego español y también varios goles. Del Bosque no ha abusado demasiado de los cambios, dejando a cinco jugadores sin disputar ni un minuto en la Eurocopa (Juanfran, Raúl Albiol, Fernando Llorente, Víctor Valdés y Pepe Reina). El suplente más destacado fue Torres sin duda, seguido de Jesús Navas y Pedro; el suplente más decepcionante, Álvaro Negredo.

La labor técnica de Vicente Del Bosque en esta Eurocopa ha vuelto a ser intachable. El salmantino ha sido conservador con sus planteamientos, salvo con la figura del falso 9, pero bendito conservadurismo. ¿Podría haber sido la selección española algo más peligrosa de cara a portería? Sí. Lo importante es que, en los momentos y en los escenarios de la verdad, España fue un equipo con mordiente arriba. La goleada a Italia (4-0) es la más abultada de la historia en una final de la Eurocopa. Datazo para eliminar el término ‘resultadismo‘ de cualquier resumen del campeonato español.

Resulta curioso que ayer Fernando Torres cerrara el círculo que él mismo inició en Viena hace cuatro años. Marcó el tercer gol de la final y dio el pase para el cuarto, que cerró el marcador. ‘El Niño’ nos convirtió en hombres. Una victoria que conmociona a todo un país no sólo por la calidad deportiva de los vencedores, sino también por su calidad humana. El sentido homenaje a Antonio Puerta, Dani Jarque, Manolo Preciado y Miki Roqué por parte de algunos internacionales españoles, que portaban el sentir de todos sus compañeros y del cuerpo técnico, no tiene precio. Lo mismo se puede decir del pasillo realizado por el combinado español en honor del subcampeón italiano. Ayer fue imposible, una vez más, no sentirse orgulloso de ser español.

Pasó ya la época en la que jugábamos como nunca para perder como siempre. Los goles no contabilizados, los fallos clamorosos ante portería, los arbitrajes de escándalo, las narices rotas, los penaltis a la grada, las jubilaciones no certificadas, la mala suerte, la maldición de los cuartos de final. Todo acabó convertido en pasto del olvido. Ahora es tiempo de jubileo, de deleite, de jugar como siempre para ganar como nunca, de aunar la furia con la pasión y armar un estilo futbolístico para dominarlos a todos.

¿Es España el mejor equipo de fútbol de nuestro tiempo? Sí rotundo. ¿Es también la mejor selección de la historia? Sólo el tiempo nos dará la respuesta a esta inevitable cuestión. La leyenda española ya está escrita. De aquí (2008) a la eternidad (2012), un paso.

No juego para ganar balones de oro, juego para ser feliz“. Andrés Iniesta, bicampeón de Europa, campeón del mundo y, sobre todo, buena persona.

FOTOS: As.

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